Sabíamos que era una locura, que no
estaba moralmente bien y que posiblemente haríamos daño a ciertas
personas.
Pero aún así decidimos seguir
adelante. Nos podía más el deseo y la satisfacción.
Era la primera vez que nos quedábamos
a solas, era por la noche, en un parque.
Se notaba la tensión y la timidez en
el ambiente. Pero estaba claro que lo único que deseábamos era que
nuestros labios se juntasen por primera vez.
Al cabo de varias horas, de palabras
entrecortadas y de risas tontas, llegó el momento, nos armamos de
valor y nos besamos. La verdad es que fue increíble, me sentía como
nunca. Estuvimos un rato besándonos, mientras que nos acariciábamos,
hasta que nos quedamos cogidas de las manos y nos miramos a los ojos.
En ese momento nos abrazamos durante unos segundos.
Desgraciadamente era muy tarde, ya que
habíamos estado horas y horas allí sin hacer nada.
Y ya nos teníamos que ir a casa. Así
que nos despedimos y quedamos en que ya hablaríamos al día
siguiente.
De camino a casa pensaba en lo que
había sucedido y la verdad estaba muy contenta porque por fin había
logrado lo que quería de verdad, aunque por otra parte me sentía
mal porque sabía que las cosas no se hacían de esa manera.
Pasaron los días y seguíamos hablando
pero no nos veíamos, ella hacía su vida y yo la mía.
Teníamos ganas de volver a vernos,
pero no era algo sencillo, ya que teníamos que ir con cuidado.
Al final decidimos quedar por la noche.
Ella tenía una cena, así que quedamos después en el parque de la
primera vez.
Nos encontramos de nuevo y nos invadió
de nuevo la timidez. Ella iba muy guapa, con una falda y unos tacones
que le quedaban increíbles.
Sinceramente estuvimos bastante tiempo
hasta soltarnos, como la primera vez, aunque no tanto. Pero está
vez, ella se levantó y se me lanzó. Yo lógicamente la seguí. Pero
en un momento dado me paré a pensar en qué estaba haciendo... y
ella me preguntó que si estaba bien mientras me iba acariciando por
debajo del jersey. Yo le dije que sí y continué.
Hacía tanto tiempo que deseaba sentir
su mano rozando mi piel que no me parecía real. Seguimos con besos y
caricias.
Ella llevo su mano a mi cinturón y
empezó a acariciarme por debajo del pantalón. Yo empecé a bajar mi
mano hasta su culo, que por cierto me volvía loca, continué
acariciando sus piernas ya que con la falda era mucho más fácil y
así continuamos un rato.
Pero justamente escuchamos ruidos y
paramos enseguida. Había un par de chicos y decidimos esperar un
poco, pero al ver que no se iban decidimos dejarlo ahí e irnos a
casa, que por cierto, era bastante tarde.
Seguíamos en contacto como siempre y
nuestros sentimientos de cada vez iban a más, pero yo me encontraba
en una situación realmente difícil. Lógicamente ella a veces se
cansaba de eso, y en más de una ocasión pensamos en olvidar todo y
continuar con nuestras vidas. Pero la verdad es que en el fondo
ninguna de las dos estaba dispuesta.
Nuestro tercer encuentro fue dado a que
habíamos quedado para cenar y tomar algo con nuestros amigos, ya que
los teníamos en común.
Sinceramente había momentos en los que
me sentía bastante incomoda. Sé que no tenía de que preocuparme
porque nadie sabia nada de lo que había pasado entre nosotras, pero
era un poco extraño. Y me sentía fatal.
La cena fue muy bien, fuimos a tomar
algo todos. Estuvimos hablando y riendo como siempre. Ya era bastante
tarde así que ella ya se iba a ir y yo aproveche y dije que también
me iría, así no íbamos solas por la calle.
A medio camino le propuse que pasara la
noche conmigo, en mi casa. No se lo pensó ni dos veces y aceptó.
Llegamos a mi casa, nos pusimos cómodas
y nos metimos en mi cama. Y pasó lo que las dos habíamos estado
deseando desde hacía mucho tiempo.
A la mañana siguiente me desperté
antes que ella y como no me podía dormir de nuevo me fui al salón y
me puse la televisión.
Al rato se asomó por la puerta y me
preguntó que qué hacía tan temprano.
Le dije que no podía dormir más, que
se viniese al sofá conmigo.
Desayunamos, estuvo un rato allí y al
poco se marchó a su casa.
La verdad yo no me arrepentía de lo
que había hecho, era lo que realmente quería y así lo sentía.
Pero me sabía mal porque no quería lastimar a nadie.
Fueron pasando los días y yo solo
deseaba verla, besarle, acariciarle, despertarme junto a ella...
no sabía como frenar todo aquello,
porque de cada vez se hacía más y más grande.
Una tarde que yo tenía la casa libre
la invité a venir. Y sin duda aceptó.
Estuvimos en el comedor, pusimos la
televisión y estuvimos hablando un rato, hasta que empezamos a
besarnos y a poco a poco quitarnos la ropa mientras nos
acariciábamos. Tenía su mano ya por dentro de mi pantalón y de
repente se escuchó la puerta de la casa. Corriendo nos pusimos
'decentes' y el novio de mi madre se asomó al comedor. Fue uno de
los momentos más incómodos que había pasado en mi vida.
Ella me dijo que se marcharía ya de
casa, así que recogimos las cosas y le acompañé.
Al paso de los días nuestros amigos
empezaban a sospecharse algo, no se imaginaban ni la mitad de lo que
realmente pasaba, pero sí algo.
Seguíamos quedando, incluso a veces
para dar un paseo por el centro. Pero la mayoría de veces, lo
hacíamos a escondidas, y siempre en mi casa. Ya que era un lugar
seguro.
Poco a poco iba pasando el tiempo y yo
me empezaba a enamorar de ella. Necesitaba verla más a menudo. Y
ella también sentía lo mismo que yo.
Quería estar conmigo y yo quería
estar con ella, pero la decisión debía tomarla yo y no tenía
suficiente valor como para arriesgarme.
Una noche decidí invitarle al cine y
después a cenar. Era bastante arriesgado pero merecía la pena.
Estuve bastante nerviosa durante el
día, tuve que poner mil excusas con mis amigos e inventarme algo.
Se acercaba la hora, así que me duché,
me arreglé y fui allí donde habíamos quedado.
Ella ya se encontraba en el lugar.
Nos vimos de lejos y al paso que nos
íbamos acercando sonreíamos más y más.
Al tenerla de frente no sabía cómo
saludarle pero no me dio mucho tiempo a pensar y me plantó un beso
en los labios.
Realmente me encantó.
Faltaba muy poco para que empezase la
película, así que fuimos a por las entradas y subimos a la sala.
Nos sentamos en los asientos de atrás
del todo. La verdad es que estuve toda la película pensado en
comérmela a besos después.
Mientras veíamos la película, de vez
en cuando rozaba su mano con mi mano, me acariciaba la pierna... y yo
me contenía lo más que podía.
Al terminar la película nos fuimos a
cenar a un restaurante que estaba prácticamente al lado de mi casa.
Estuvimos hablando y riéndonos, como siempre hacíamos.
Después de cenar nos fuimos a casa, y
fuimos a mi habitación y nos metimos en la cama.
Era mágico aquello, el sentir sus
labios, sus manos rozándome poco a poco...
Me encantaba despertarme y verla a mi
lado. Acariciaba su preciosa espalda mientras ella me miraba.
Desayunamos y le acompañé a la
puerta, se iba a su casa.
Me fastidiaba tanto el despedirme de
ella, porque sabía que no nos volveríamos a ver en días.
Incluso a veces pasaban semanas.
Incluso a veces pasaban semanas.
Aprovechaba todo los momentos para
poder verla, ya fuese acompañada o sola.
Seguimos viéndonos durante mucho
tiempo más. Pasando los días y sobretodo las noches juntas y
ocultando lo nuestro.
Pero con el tiempo hubieron algunos
problemas con otras personas y nos fuimos distanciando por el bien de
las dos.
Y aunque aquella historia terminase,
nuestra relación nunca se rompió del todo.
Era increíble, era quien me hacia
sentir viva en ese momento.
Cada vez que quedábamos era un
pretexto para terminar durmiendo juntas.
Era una locura total... y me encantaba.
Era lo que necesitaba.
Pero no sé ni cómo ni por qué,
aquello se fue terminando. Quizás por mi culpa, por no actuar de la
manera que ella quería, eso se acabó... Y sé que si hubiese
escogido a ella y hubiese roto con mi otra vida, pareja, amistades,
etc. Hubiese durado muchísimo aquella increíble historia.
Y no es que me arrepienta de la
decisión que tomé pero muchas veces me da por pensar en aquello...
Hay cosas que Jamás se olvidan.